MANIFIESTO
Tiempo de
educar: tiempo de maestros, personas que con su experiencia introducen
en la realidad según la totalidad de sus factores
¡Tiempo de libertad!
1
No existe un hombre verdaderamente hombre que no se sienta responsablede
ayudar a otro a caminar hacia su felicidad. La educación, base
fundamental sobre la que la sociedad construye su futuro, no puede eludir
este desafío.
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Educar significa introducir a la persona en la realidad, en el valor
que tienen las cosas, sin el cual no habría un verdadero motivo
para estar en el mundo. Educar implica despertar preguntas decisivas
para la vida: ¿yo, qué soy?, las cosas, ¿por qué
me sorprenden?, ¿para qué sirve todo lo que hay en el
mundo?, ¿qué significa este deseo de felicidad tan grande
que tengo? La persona es libre si llega a reconocer el significado que
tiene la realidad. Por eso la educación no se dirige simplemente
a instruir nuestra capacidad intelectual sino también a educar
en la libertad. La libertad se mueve gracias a la atracción de
la verdad, que nos llena de deseo y de preguntas, porque el corazón
del hombre es sed de verdad. Esta es la cuestión decisiva en
la vida de toda persona, a cualquier edad. Y es una responsabilidad
de todos.
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En la tarea de despertar las preguntas para captar el valor de la realidad,
el punto de partida más humano es acoger una propuesta que otros
nos hacen. La riqueza de una tradición cultural como la nuestra
es el punto de partida para captar el valor del presente, para comprender
la diversidad de otras culturas y aportar una contribución original
a la construcción del bien común. Por eso, si una sociedad
renuncia a educar es porque ha perdido el gusto por su propia cultura,
y no sabe ya ofrecerlas como una hipótesis de significado para
los jóvenes.
4
La educación es la mejor inversión que los adultos pueden
hacer respectoa sus hijos. El nivel de desarrollo de una sociedad se
mide por la calidad de su sistema educativo, porque la educación
de los jóvenes es la premisa indispensable para garantizar el
futuro, el bienestar y la calidad de vida de una sociedad.
5
“TIEMPO DE EDUCAR” quiere ser un punto de referencia para
la comunidad educativa y una posibilidad para incrementar la pasión
auténtica por el más fascinante y difícil de los
trabajos. Ayudar a nuestros hijos a hacerse adultos es responder a su
exigencia de felicidad e implica sostenerlos en su camino hacia la madurez.
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VERSIÓN AMPLIADA
1
La principal responsabilidad que tiene que asumir la sociedad es
la de educar, ya que la educación es la base fundamental
sobre la que construir el futuro. Nos encontramos en un mundo en
constante transformación, lleno de posibilidades y de incertidumbres.
Nuestra sociedad vive hoy muchas tensiones y contradicciones que afectan
al futuro de nuestros hijos. Para afrontarlas no bastan los buenos
sentimientos, sino que debemos preguntarnos con qué recursos
contamos. Pensamos que el instrumento más eficaz para la
construcción de lo humano, con toda su grandeza y profundidad,
es la educación. ¿Cómo nos estamos educando? ¿Cómo
estamos educando a nuestros hijos?
2
La educación es la clave en la construcción de una auténtica
cultura, y la cultura es la base de una civilización,
de ahí la urgencia de plantearse seriamente qué es educar.
Educar significa introducir a la persona en la realidad, profundizar
en el sentido que tienen las cosas, descubriendo su valor. Implica
por tanto despertar preguntas decisivas para la vida: ¿yo, qué
soy?, las cosas, ¿por qué me sorprenden?, ¿para
qué sirve todo lo que hay en el mundo?, ¿qué significa
este deseo de felicidad tan grande que tengo? La educación no
es solamente instrucción, no debe renunciar a transmitir el significado
de la realidad que se estudia. Sólo entonces se genera auténtica
cultura, porque no hay cultura sin significado. Todos los aspectos
de la realidad tienen un significado (tanto una poesía como
un teorema, un fenómeno químico, un hecho histórico
o un fragmento musical) y vale la pena implicarse hasta el fondo
para descubrirlo. Esta es la cuestión decisiva en la vida
de toda persona, a cualquier edad.
3
La educación no se dirige simplemente a instruir nuestra capacidad
intelectual sino que busca también promover nuestra libertad.
Al educar nos dirigimos, ante todo, a la libertad del que tenemos
delante. La educación no es un operación que tiene como
fin convencer al otro de lo que creemos, sino que es la libertad de
una persona que se dirige a la libertad de otra. La libertad se mueve
gracias a la atracción de la realidad, porque el corazón
del hombre es sed de verdad, es decir, de algo que corresponda exhaustivamente
a las exigencias originales (bien, belleza, verdad, justicia, …)
que se despiertan dentro de todo lo que nos sucede. La educación
es la invitación a descubrir la verdad de lo que existe porque
si no, nuestro afecto por las cosas acaba decayendo. Hasta el afecto
por las cosas más cercanas. Sólo lo verdadero tiene la
fuerza para permanecer. La libertad no es pura arbitrariedad. Uno es
libre cuando reconoce el sentido de las cosas, sin el cual no habría
una verdadera razón para estar en el mundo. Por eso la educaciónes
es una gran apuesta por el corazón del hombre y hace posible
la afirmación de la persona y su libertad.
4
El objetivo de la educación es el desarrollo y crecimiento
de la persona, entendida como un sujeto único, irrepetible y
libre. En un momento en que nuestro sistema educativo tiene el reto
de integrar a un alumnado muy heterogéneo y se halla ante el
noble intento de abolir los retrasos y diferencias para posibilitar
la igualdad de oportunidades, el olvido de este objetivo lleva a
una confusión entre igualdad y uniformidad con graves consecuencias.
Detrás de esta confusión se encuentra una concepción
de la igualdad como la inexistencia de diferencias, lo que implicaría
la necesaria adecuación de todos a un modelo de hombre, que
en última instancia dicta el poder y depende de la ideología
vigente en cada momento. La única alternativa
a este uniformismo es concebir a cada ser humano como único
(como fácilmente reconocemos en nuestros hijos), con valor en
sí mismo por el mero hecho de existir, libre y con una
dignidad que no puede estar en función de sus capacidades
y mucho menos de su éxito
social. Es necesaria una educación que mire a las personas según
las necesidades y capacidades que tienen y que posibilite una formación
adecuada para ellas. La educación debe amar la diversidad
porque es una gran riqueza. Por eso la igualdad entendida
como uniformidad elimina la singularidad personal, y no puede constituir
el valor civil de una nación.
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El nivel de desarrollo de una sociedad se mide por la calidad de
su sistema educativo, porque la educación de los jóvenes
es la premisa indispensable para garantizar el futuro, el bienestar
y la calidad de vida de una sociedad. Por ello, el problema educativo
no afecta sólo a padres y profesores sino que afecta a todos
los que pretenden construir algo en la realidad. Ayudar a nuestros
hijos a hacerse adultos es responder a su exigencia de felicidad e implica
sostenerlos en su camino hacia la madurez. Quiere decir ayudarlos
a construir, lograr que fructifique en ellos la tradición cultural
de la que venimos, como punto de partida para comprender la diversidad
de otras culturas y como fuerza que nos permite afrontar el futuro y
contribuir de forma original al bien común.
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La escuela nació para ofrecer la propia tradición cultural
a los más jóvenes. Eran las mismas comunidades las
que se organizaban para ofrecer este servicio. Por eso, si una sociedad
renuncia a educar es porque ha perdido el gusto por su propia tradición,
por su propia cultura, y no sabe ya ofrecerlas como una hipótesis
de significado para los jóvenes. Las comunidades humanas,
para responder a las exigencias originales del corazón del hombre
y a las necesidades de la vida, normalmente tienden a asociarse practicando
de manera inmediata la solidaridad, en todos los ámbitos, desde
la vivienda a la sanidad o la educación. Esta solidaridad trata
siempre de dotarse de instrumentos de respuesta que el poder público
debe garantizar. Un ejemplo muy claro es el del derecho que tienen los
padres de que la escuela garantice el tipo de educación que quieren
dar a sus hijos. Un Estado democrático y laico debe favorecer
que sea la sociedad la que se responsabilice en primera instancia del
tipo de educación que quiere para sus hijos. El Estado está
llamado a servir, es decir, a sostener, valorar y equilibrar en su caso
la realidad viva de la sociedad. Es lo que se denomina principio
de subsidiariedad. El Estado debe tener como ideal el pluralismo,
es decir, garantizar la existencia y el desarrollo de cualquier forma
de expresión que comparta la común condición humana.
La verdadera democracia nace de la colaboración entre diferentes
realidades humanas que estiman sus identidades y se respetan por el
reconocimiento común de la dignidad inalienable de la persona.
Por eso la Constitución Española defiende la participación
de los ciudadanos en la creación y gestión de los centros
escolares, y vincula al Estado para que asegure la libertad efectiva
en la escuela estatal y favorezca la creación de centros de iniciativa
social. La libertad de educación y la educación en
libertad son un test del grado de confianza que un Estado tiene en su
sociedad. Limitar la libertad del sistema educativo, tanto en los
centros estatales como en los de iniciativa social, es una forma de
atacar la democracia y el pluralismo. Los que temen este elemental
ejercicio de la libertad tienen sólo una intención: controlar
la sociedad.
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Por todas estas razones, nuestro objetivo es que la educación
pueda ser punto de encuentro y de debate público para toda la
comunidad educativa (padres, profesores, asociaciones, sindicatos,
administraciones educativas) y para toda la sociedad. TIEMPO DE EDUCAR
quiere contribuir a incrementar la responsabilidad y la pasión
por la educación, tarea permanente de la vida a la que toda
persona está llamada.
Plataforma Cívica Pro-Educación
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