El filósofo Massimo Borghesi
habla para Alfa y Omega
«URGE RECUPERAR AL MAESTRO»
El italiano Massimo Borghesi ha presentado recientemente
en España su libro El sujeto ausente. Educación y escuela,
entre el nihilismo y la memoria (Ediciones Encuentro). En esta entrevista
a Alfa y Omega, analiza las raíces profundas de la crisis de
la enseñanza en Europa y en nuestro país.
¿Quién es el sujeto ausente
del que habla en su libro?
Es una expresión que se refiere al sujeto que está desapareciendo
de la educación hoy. En nuestros días, está ausente
tanto la figura del maestro como la del estudiante; y esto se debe a
que se ha afianzado en la escuela europea de los últimos treinta
años una cultura poshumanista, que ha abolido la dimensión
del hombre, primando una concepción de tipo positivista y estructuralista,
de tipo sociológico, por la cual la dimensión libre del
hombre se diluye; la categoría de acontecimiento ha desaparecido
de la Historia; la literatura y la lingüística de tipo semiológico
y estructural ha ignorado la profundidad de la existencia. Estamos de
frente a la descomposición de la tradición humanista.
Ésta es la cultura que se transmite en el ámbito de la
escuela y de la universidad. Ha desaparecido la figura del maestro,
que se ha convertido en una de las figuras más tristes del panorama
social contemporáneo, porque su papel no está adecuadamente
valorado. El maestro se ha convertido hoy en un técnico de la
información, olvidándose su vocación de educador
en sentido fuerte; él no sólo tiene el papel de informar,
sino, sobre todo, el de formar.
¿Este sujeto ausente –la
desaparición del estudiante y del maestro– se debe a la
existencia de un Estado con pretensión de ser omnipresente
en el terreno educativo, como sucede en España?
Cuando el Estado pretende erigirse en el educador único, inevitablemente
se cae en una posición totalitaria. Esta omnipresencia del Estado
no me sorprende; es una situación análoga a la que viven
muchos países de Europa. Lo que más me sorprende es que
este declive de la dimensión subjetiva de la educación,
de los sujetos de la educación, de una responsabilidad educativa
capaz de preguntarse por el sentido de la vida, hoy también está
ausente en la enseñanza que no es pública. También
en la enseñanza no estatal se observa la misma insuficiencia
humana que se observa en la escuela pública estatal. Éste
es el problema que más me preocupa. La educación no estatal
nació con el proyecto no sólo de informar, sino de formar
la personalidad de los estudiantes en un claro sentido de la vida, en
unos ideales, en el sentimiento de comunidad, como respuesta a una sociedad
que está en proceso de una progresiva disgregación humana,
existencial y social, que es uno de los problemas más graves
que tenemos.
¿Se puede pensar que las recientes
manifestaciones en España a favor de la libertad de enseñanza
y en contra de la Ley de Educación suponen un despertar de la
sociedad en este sentido?
Estas concentraciones han tenido dos méritos. El primero es el
de haber inducido al Gobierno a repensar de manera más justa
su posición. La segunda es la de haber puesto el acento en el
problema de la educación, por parte de las familias, estudiantes
y profesores; sería grave que, por llegar a una solución
de compromiso puntual con el Gobierno, se olvidase y se abandonase un
deseo de construir y buscar un proyecto más amplio en la tarea
de la formación del hombre.
El abandono de las Humanidades a favor de
un saber positivista ha desvalorizado palabras como maestro,
educar o aprender. ¿Cómo se pueden recuperar?
Éste es un problema de difícil solución, porque,
cuando ciertos aspectos de la cultura se pierden, hace falta reconstruirlos
de nuevo. Los modelos de tipo pedagógico, con los que se intenta
resolver este problema, lo que hacen, de hecho, es agravar el problema.
Hay una dictadura de los pedagogos que ha creado muchos problemas a
la escuela misma. Hay experiencias educativas concretas que producen
una riqueza cultural y humana, y que favorecen el encuentro entre todos
aquellos que intervienen en la tarea de educar, para buscar las mejores
soluciones. Los poderes públicos deben tener en cuenta estas
experiencias reales.
¿Cómo se puede ayudar a los
padres a contrarrestar esta especie de contracatequesis despersonalizadora
que reciben los niños, a través, sobre todo, de la televisión?
Sobre todo, los padres deben comunicar el sentimiento de la vida a sus
hijos. Si hablamos de padres cristianos, deben comunicar el sentido
cristiano de la vida, y deben hacer todo por testimoniarlo en la práctica
cotidiana. Deben hacer intuir a los hijos que la experiencia cristiana
es una experiencia que abraza la existencia entera, por completo. Por
todo ello, la primera oferta educativa es la de la familia. Hoy, la
familia puede haberse visto reducida a ser una parte minoritaria del
proceso social, y puede que los jóvenes encuentren sus modelos
de referencia fuera de ella. Por ello, la familia sola no es suficiente
para otorgar una experiencia educativa completa, sino que debe ser ayudada
con otras experiencias educativas, y por eso la figura del maestro es
muy importante, así como las comunidades juveniles –pienso
en las que se dan en el ámbito católico–. Por otra
parte, si el cristianismo es sólo una idea, no tendrá
nunca la fuerza para oponerse a la sociedad mediática; el cristianismo
será verdadero para un joven sólo si lo verifica dentro
de una experiencia; de ahí la importancia de una comunidad para
que el hecho cristiano sea un elemento educativo cotidiano para la vida
del joven.
Juan Luis Vázquez