El intervencionismo de la L.O.E.

Urge recuperar al maestro
por Juan Luis Vázquez

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por Fernando de Haro

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por Herminia Cid García

Notas desde lo jurídico
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Manifiesto sobre la LOE
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por José luis Restán


La mala educación de Zapatero
por Fernando de Haro

Si hubiese una educación del pueblo, todo sería mejor
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Citas
Selección de citas sobre la educación

Citas
de Massimo Borghesi

La educación está en la calle
Descarga aquí el vídeo de entrevistas realizado para el acto de presentación de la campaña
20 de octubre de 2005

El filósofo Massimo Borghesi habla para Alfa y Omega
«URGE RECUPERAR AL MAESTRO»

El italiano Massimo Borghesi ha presentado recientemente en España su libro El sujeto ausente. Educación y escuela, entre el nihilismo y la memoria (Ediciones Encuentro). En esta entrevista a Alfa y Omega, analiza las raíces profundas de la crisis de la enseñanza en Europa y en nuestro país.

¿Quién es el sujeto ausente del que habla en su libro?
Es una expresión que se refiere al sujeto que está desapareciendo de la educación hoy. En nuestros días, está ausente tanto la figura del maestro como la del estudiante; y esto se debe a que se ha afianzado en la escuela europea de los últimos treinta años una cultura poshumanista, que ha abolido la dimensión del hombre, primando una concepción de tipo positivista y estructuralista, de tipo sociológico, por la cual la dimensión libre del hombre se diluye; la categoría de acontecimiento ha desaparecido de la Historia; la literatura y la lingüística de tipo semiológico y estructural ha ignorado la profundidad de la existencia. Estamos de frente a la descomposición de la tradición humanista. Ésta es la cultura que se transmite en el ámbito de la escuela y de la universidad. Ha desaparecido la figura del maestro, que se ha convertido en una de las figuras más tristes del panorama social contemporáneo, porque su papel no está adecuadamente valorado. El maestro se ha convertido hoy en un técnico de la información, olvidándose su vocación de educador en sentido fuerte; él no sólo tiene el papel de informar, sino, sobre todo, el de formar.

¿Este sujeto ausente –la desaparición del estudiante y del maestro– se debe a la existencia de un Estado con pretensión de ser omnipresente en el terreno educativo, como sucede en España?
Cuando el Estado pretende erigirse en el educador único, inevitablemente se cae en una posición totalitaria. Esta omnipresencia del Estado no me sorprende; es una situación análoga a la que viven muchos países de Europa. Lo que más me sorprende es que este declive de la dimensión subjetiva de la educación, de los sujetos de la educación, de una responsabilidad educativa capaz de preguntarse por el sentido de la vida, hoy también está ausente en la enseñanza que no es pública. También en la enseñanza no estatal se observa la misma insuficiencia humana que se observa en la escuela pública estatal. Éste es el problema que más me preocupa. La educación no estatal nació con el proyecto no sólo de informar, sino de formar la personalidad de los estudiantes en un claro sentido de la vida, en unos ideales, en el sentimiento de comunidad, como respuesta a una sociedad que está en proceso de una progresiva disgregación humana, existencial y social, que es uno de los problemas más graves que tenemos.

¿Se puede pensar que las recientes manifestaciones en España a favor de la libertad de enseñanza y en contra de la Ley de Educación suponen un despertar de la sociedad en este sentido?
Estas concentraciones han tenido dos méritos. El primero es el de haber inducido al Gobierno a repensar de manera más justa su posición. La segunda es la de haber puesto el acento en el problema de la educación, por parte de las familias, estudiantes y profesores; sería grave que, por llegar a una solución de compromiso puntual con el Gobierno, se olvidase y se abandonase un deseo de construir y buscar un proyecto más amplio en la tarea de la formación del hombre.

El abandono de las Humanidades a favor de un saber positivista ha desvalorizado palabras como maestro, educar o aprender. ¿Cómo se pueden recuperar?
Éste es un problema de difícil solución, porque, cuando ciertos aspectos de la cultura se pierden, hace falta reconstruirlos de nuevo. Los modelos de tipo pedagógico, con los que se intenta resolver este problema, lo que hacen, de hecho, es agravar el problema. Hay una dictadura de los pedagogos que ha creado muchos problemas a la escuela misma. Hay experiencias educativas concretas que producen una riqueza cultural y humana, y que favorecen el encuentro entre todos aquellos que intervienen en la tarea de educar, para buscar las mejores soluciones. Los poderes públicos deben tener en cuenta estas experiencias reales.

¿Cómo se puede ayudar a los padres a contrarrestar esta especie de contracatequesis despersonalizadora que reciben los niños, a través, sobre todo, de la televisión?
Sobre todo, los padres deben comunicar el sentimiento de la vida a sus hijos. Si hablamos de padres cristianos, deben comunicar el sentido cristiano de la vida, y deben hacer todo por testimoniarlo en la práctica cotidiana. Deben hacer intuir a los hijos que la experiencia cristiana es una experiencia que abraza la existencia entera, por completo. Por todo ello, la primera oferta educativa es la de la familia. Hoy, la familia puede haberse visto reducida a ser una parte minoritaria del proceso social, y puede que los jóvenes encuentren sus modelos de referencia fuera de ella. Por ello, la familia sola no es suficiente para otorgar una experiencia educativa completa, sino que debe ser ayudada con otras experiencias educativas, y por eso la figura del maestro es muy importante, así como las comunidades juveniles –pienso en las que se dan en el ámbito católico–. Por otra parte, si el cristianismo es sólo una idea, no tendrá nunca la fuerza para oponerse a la sociedad mediática; el cristianismo será verdadero para un joven sólo si lo verifica dentro de una experiencia; de ahí la importancia de una comunidad para que el hecho cristiano sea un elemento educativo cotidiano para la vida del joven.

Juan Luis Vázquez