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DE UN PARQUE A LA MONCLOA 9 de la mañana en la Avenida de Guadalajara,
las Rosas. Estamos en uno de los nuevos barrios de Madrid. La capital
de España ha crecido hacia el Este de forma sorprendente en el
último decenio. La mayoría de los vecinos son jóvenes
profesionales de clase media que puede llegar al centro de la ciudad
en quince minutos. No estamos en la periferia. Una fila de niños,
acompañados por sus padres, camina junto a las obras de un polideportivo
y de un edificio de aulas sin terminar. El Colegio J.H.Newman
abrió sus puertas en septiembre de 2004 y todavía no han
concluido las obras, pronto contará con 800 alumnos. Algunos
padres charlan en la entrada del centro, después de haber dejado
a sus hijos en clase. Charlan animadamente a pesar de que el frío
corta la cara. El director, Juan Ramón De la Serna, está
reunido y tiene cuatro parejas esperándole, quieren solicitar
una plaza para el curso que viene. Mientras hacemos tiempo, una de las
madres que hablaba animadamente en la puerta nos lleva a la clase de
los más pequeños: se desperezan con música de Schubert.
Esta madre nos enseña los baños de los cursos de Educación
Infantil como si estuviera enseñándonos el salón
de su casa. No es para menos. Forma parte del grupo de personas que
pusieron en marcha, hace siete años, la Fundación
Internacional de Educación, un grupo de personas que ha
buscado incansablemente dinero para que el nuevo colegio se pusiera
en pie. Cada ladrillo lleva impreso su dedicación y su pasión
por construir un lugar donde, además de instruir, se eduque.
Al final conseguimos “audiencia” con Juan Ramón De
la Serna. “El J.H. Newman es uno de los poquísimos
colegios concertados que se han puesto en marcha en Madrid durante los
últimos años. Las ordenes religiosas mantienen sus antiguos
colegios concertados pero no abren nuevos colegios en los barrios de
reciente creación”, nos explica De la Serna. No es fácil
conseguir suelo y dinero para construir. Hace falta mucha vitalidad
social, mucho interés, mucho tiempo, muchas relaciones, para
obtener los recursos necesarios. “Después de dar el primer
paso todo es más fácil. Si consigues reunir el dinero
para comenzar, lo que cuenta es el proyecto educativo. Una vez que empezamos,
la gente se ha ido enterando de que en este colegio nos interesa la
persona y de que vivimos la educación como una vocación.
Los padres quieren lo mejor para sus hijos y si tienen noticia de que
en el colegio, además de proporcionar determinados conocimientos,
queremos educar, vienen a pedirnos plaza”, nos comenta De la Serna.
El director del J.H. Newman añade: “Nos interesa
mucho el barrio, nos interesa la gente que tenemos cerca y por eso hemos
organizado una mesa redonda sobre el manifiesto Tiempo de Educar
en la que va a participar Gotzone Mora” (concejal socialista del
País Vasco, que se juega a diario la vida haciendo frente a la
banda terrorista ETA). De la Serna nos habla enseguida de la campaña
de opinión que ha puesto en marcha la Plataforma Cívica
Pro Educación, una campaña que echó a andar
casi al mismo tiempo que abría sus puertas el J.H. Newman,
en septiembre de 2004. Con semejantes datos sobre la mesa no es de extrañar que la opinión pública, que ha visto como se sucedían seis reformas educativas desde la instauración de la democracia en 1975, empiece a estar sensibilizada con el que algunos han calificado, con razón, como “problema número uno de España”. En este contexto se ha puesto en marcha la Plataforma Cívica Pro Educación. Su presidente es Ángel Mel, hasta hace unos años director financiero de una multinacional y ahora director del Colegio Internacional Kolbe, otro colegio recientemente creado -abrió sus puertas en septiembre de 2003 en el pueblo madrileño de Villanueva de la Cañada-, también fruto de la iniciativa social y también expresión, como el J.H. Newman, de una concepción educativa que hunde sus raíces en el carisma de monseñor Luigi Giussani. Ángel Mel nos explica que la Plataforma
Cívica Pro Educación no ha nacido para dar una respuesta
técnica a todos los problemas que desvela el informe de la OCDE.
“Somos un grupo de amigos entre los que hay profesores, maestros,
padres, que estamos viviendo una experiencia educativa y queremos contribuir
al diálogo y favorecer que no se dé por supuesto lo que
significa realmente educar –afirma Mel-. Nuestro objetivo es crear
un movimiento de opinión sobre la importancia de la educación
para la sociedad española. La educación afecta a toda
la sociedad, no es un problema sectorial que deban resolver sólo
los profesionales de la enseñanza secundaria o universitaria.
La campaña se dirige a todo tipo de personas y ámbitos,
y no sólo al mundo de la enseñanza”.
El punto de vista diferente de la campaña estuvo muy presente también en su apertura, realizada a finales del mes de octubre. Todo empezó con una mesa redonda en el que participaron además de Ángel Mel, Gotzone Mora y Luis Carbonell, el líder de la Plataforma LOE-NO (promotor de una manifestación contra la política educativa de Zapatero que en el mes de noviembre sacó a la calle a un millón y medio de personas). Gotzone Mora, conocida activista que lleva años luchando contra el régimen de terror impuesto por ETA, expresó en aquel acto, de forma sencilla, por qué se identificaba con la experiencia educativa del manifiesto, experiencia que tiene como objetivo el desarrollo y crecimiento de la persona, entendida como un sujeto único, irrepetible y libre. Desde esa mesa redonda Gotzone Mora ha promovido la campaña con la misma pasión y disponibilidad con la que lucha contra las raíces culturales del terrorismo. Gracias a aquella mesa redonda, Luis Carbonell, invitó a Ángel Mel y a Carmen Carrón, profesora de Enseñanza Media integrada en el comité promotor, a participar en la organización de la manifestación contra la reforma educativa de Zapatero. Tiempo de Educar se ha involucrado en la organización de la concentración y en las negociaciones políticas posteriores que han tenido lugar con el propio Zapatero en el Palacio de La Moncloa. La batalla continua porque la Ley Orgánica de la Educación (LOE) todavía tiene que ser votada en el Senado. El sistema de conciertos ha permitido el desarrollo de colegios de iniciativa social en España. La fórmula plasma, aunque de un modo imperfecto el principio de subsidiariedad. Las administraciones educativas (en España existen 17 administraciones educativas, tantas como comunidades autónomas) pagan a los colegios creados por la iniciativa social –debidamente controlados- el coste de la enseñanza. En teoría, eso permite a los padres acceder a una educación, acorde con sus convicciones, tan gratuita como la enseñanza de titularidad estatal. Pero las administraciones educativas sólo pagan el importe de la enseñanza, y no otros gastos como el suelo, las instalaciones o el mantenimiento. Así que algunas entidades promotoras de colegios concertados acaban cobrando algunos suplementos. El sistema de conciertos está, en gran medida en pie, porque la inmensa mayoría de las entidades promotoras de este tipo de colegios han sido, hasta ahora, órdenes religiosas que contaban con suelo e instalaciones que ya estaban pagadas. La red de iniciativa social es relevante y muy demandada. Según el Informe España 2001 de la Fundación Encuentro, España es, después de Holanda y Bélgica, el tercer país de la Unión Europea con mayor porcentaje de alumnos de primaria y secundaria escolarizados en centros de iniciativa social. En España el 70 por ciento de los alumnos están escolarizados en centros de titularidad estatal, el 26 por ciento en centros de iniciativa social y el 4 por ciento en centros privados. Estos porcentajes cambian de forman significan en las diferentes comunidades autónomas. En aquellas comunidades autónomas que tradicionalmente han sido gobernadas por los socialistas, donde se le han puesto trabas administrativas al desarrollo de la iniciativa social, el peso de los colegios concertados es menor. En otras comunidades autónomas como el País Vasco, Madrid o Cataluña, la escolarización se reparte casi a partes iguales entre la enseñanza de titularidad estatal y la enseñanza concertada. Ángel Mel, en las negociaciones que se desarrollaron
en el Palacio de la Moncloa, tuvo ocasión de hablarle a Zapatero
de uno de los puntos fundamentales del manifiesto Tiempo de Educar,
del principio de subsidiariedad. Lo cierto es que el presidente del
Gobierno no se mostró muy receptivo a sus sugerencias. “Lo
que más me sorprende no fue esa falta de receptividad de Zapatero–explica
Mel-“. Al presidente de la Plataforma lo que le llama
la atención es que “los integrantes de la Plataforma LOE-NO,
que tienen mucha más base social que nosotros y más experiencia
política, son conscientes de que aportamos un elemento diferente.
Respetan mucho –aunque algunos no la comportan- nuestra una experiencia
intensa y consciente de qué significa educar”. |
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